“Sort se alza sobre una costanilla suave, apoyado en el monte que dicen la Mata Negra y que más bien es de color violeta o rojo, según la luz. A oriente de la Mata Negra, por debajo de la roca del Pitillo y a dos horas de andar, se ven las ruinas de Vilamflor, el misterioso pueblo que borró la inclemente esponja de la historia. (...)”
“El castillo de Sort es un muerto habitado por la muerte. El castillo de Sort es un viejo soldado que, por la cuesta abajo del tiempo, paró en enterrador. Un duque de Medinaceli, en el siglo XIX, lo regaló para cementerio, y un alcalde que se llamó el señor Sambola, en el siglo XX, quiso adoquinar las calles del pueblo con las piedras de sus muros y sus torreones; no pudo llevar a buen fin su municipal propósito porque la gente protestó de la dinamita. (...)”
CELA, C. J. (1965). Viaje al Pirineo de Lérida. Ediciones Alfaguara: Madrid